RUMBO HACIA LA AVENTURA: MUJERES QUE ESCRIBEN SU PROPIA HISTORIA VIAJANDO

¡Quiero viajar por todo el mundo! Para muchas, este es el sueño anhelado. Hoy, Matiz te cuenta historias inspiradoras de tres mujeres que se han aventurado por distintos lugares y que sin duda serán tu inspiración.

A nuestras viajeras les hicimos 5 preguntas clave para que cuentes sus experiencias:

1. ¿Cuál fue el destino que te cambió la vida o te hizo ver el mundo de una manera diferente?

2. ¿Qué es lo que más te gusta de viajar sola como mujer? ¿Y qué es lo que más te preocupa?

3. ¿Cuál fue el momento más emocionante o inesperado que tuviste durante uno de tus viajes?

4. ¿Cómo crees que el viajar te ha ayudado a crecer como persona y a desarrollar habilidades nuevas?

5. Si pudieras regresar a cualquier lugar que hayas visitado, ¿dónde irías y por qué?

ABIHAIL FLORES CRESPO

Fotografía cortesía de Abihail

1. Los Yungas me fascinó por su rica biodiversidad, desde plantas y hongos hasta mamíferos e insectos de todos los tamaños. Esta experiencia me permitió apreciar la vida y comprender muchas cosas sobre nuestra forma de vivir.

Me hizo consciente de que compartimos este mundo con otras especies y que el ser humano no debe interferir en los procesos evolutivos de otros seres vivos. Además, la cultura que se desarrolla en este espacio tiene una visión diferente sobre lo que significa vivir bien. Estar allí y conectar con la naturaleza te hace sentir parte de ella, mientras observas cómo la codicia humana destruye el hogar de aves, insectos, plantas y pueblos indígenas, lo que resulta profundamente doloroso.

Fotografía cortesía de Abihail

2. Viajar sola como mujer me brinda una libertad increíble. Me encanta la independencia de explorar nuevos lugares a mi propio ritmo y disfrutar de la tranquilidad de los paisajes sin la presión de las expectativas ajenas. También es una gran oportunidad para el autoconocimiento, ya que estar sola me permite reflexionar y conectar conmigo misma. Sin embargo, la seguridad siempre es una preocupación, especialmente al viajar sola.

Aunque en ocasiones busco compañía por razones de seguridad, trato de planificar con anticipación y mantenerme alerta. Mi papá, para apoyarme, me regaló una linterna multifuncional, con un torito y una navaja como herramientas de defensa. Aunque el miedo a no tener a alguien cercano en situaciones incómodas está presente, ser cautelosa, informada y mantener la calma es clave. Las experiencias de viaje también me han enseñado a ser más fuerte y resiliente.

Fotografía cortesía de Abihail

3. A pesar de tener un viaje planeado, siempre es importante estar preparada para cualquier eventualidad. Aprendí esto como fotógrafa de Skyrunning, una disciplina que involucra carreras de montaña, donde el clima no siempre es predecible. Hubo ocasiones en que experimentamos frío por nevadas, lluvias o barro, pero esas dificultades son parte de la experiencia. Cuando caminaba sola por rutas desconocidas, me perdí varias veces, y la falta de señal e internet dificultaba aún más la situación. Sin embargo, siempre logré orientarme sin problemas. Cada momento en la naturaleza es único, pero uno de los más emocionantes fue cuando escuché el canto del guajojo, un ave que solo conocía por libros y videos. Aunque no tenía mi cámara, escuchar su canto fue una experiencia profundamente conmovedora.

Fotografía cortesía de Abihail

4. Ser precavida es fundamental. Siempre pienso en lo peor que podría suceder en lugares donde no hay ayuda inmediata y en los que debo ser autosuficiente. Llevar un equipaje adecuado, con ropa extra y agua, es esencial, pero también trato de evitar cargar demasiado. La montaña me ha ayudado a desarrollar una independencia y un empoderamiento como mujer. Ver hasta dónde puedo llegar sin ayuda me llena de orgullo, especialmente al observar la ruta que he recorrido o al mirar la montaña desde lejos. Además, he aprendido a ser detallista, siempre alerta ante cualquier peligro, pero también apreciando y disfrutando de lo que me rodea.

Fotografía cortesía de Abihail

5. Cada lugar que he visitado ha dejado en mí experiencias y recuerdos que se han quedado en mi corazón. Cualquier sitio que me aleje del estrés de la ciudad es un lugar que me atrae, aunque debo admitir que, a pesar de mi amor por la nieve, los Yungas siempre me cautivan. Este lugar, desde mi niñez hasta ahora, me ha permitido conectar con la naturaleza. Cada vez que lo visito, sus paisajes, montañas, cascadas, ríos, biodiversidad y cultura me sorprenden y me hacen sentir como en casa.

Fotografía cortesía de Abihail

ALEJANDRA RUBIN DE CELIS ROBLES

Fotografía cortesía de Alejandra

1. Los destinos que más transformaron mi visión del mundo fueron Macedonia del Norte y Serbia, dos países que no estaban en mi lista de lugares a conocer y que jamás imaginé visitar. Fueron, además, los más lejanos a los que he ido hasta ahora. Mi experiencia allí me enseñó que no debemos dejarnos llevar por prejuicios ni juzgar un país por los estereotipos que escuchamos. Viajar conscientemente, descubriendo por cuenta propia la esencia de cada lugar, es vital.

Cada país tiene su propia perspectiva, cultura y religión, y todo debe ser respetado. Al mirar el mundo con nuestros propios ojos, aprendemos a valorarlo y a maravillarnos con todo lo que ofrece. Cuanto más viajas, más entiendes que el mundo está lleno de personas increíbles, como tú y yo, que buscan la felicidad.

Fotografía cortesía de Alejandra

2. Viajar sola como mujer me permite conocerme mejor, disfrutar de mi propia compañía y aprender a estar conmigo misma. Al estar sola, puedo hacer lo que quiera, manejar mi tiempo y decidir a qué lugares quiero ir. Además, disfruto de la libertad de elegir qué comer y cómo transportarme, y he conocido a muchas personas maravillosas que, en ocasiones, me han ayudado. Mi principal preocupación al viajar sola es la seguridad. Soy la única responsable de ella, por lo que debo estar atenta a todo lo que me rodea. Si algo me genera incomodidad, debo irme inmediatamente y buscar formas de asegurarme de que estoy a salvo.

Fotografía cortesía de Alejandra

3. El momento más emocionante de mis viajes fue cuando llegué a Italia, el país de mis sueños. Al llegar a Milán, me detuve, no podía creer que estaba allí. Sentí una profunda satisfacción y emoción, y las lágrimas de felicidad fueron inevitables. Este momento me recordó que cuando trabajamos por nuestros sueños, y nos repetimos que podemos alcanzarlos, lo logramos.

 En Roma, además, tuve la oportunidad de conocer mi primera maravilla del mundo, lo que hizo la experiencia aún más memorable.

Fotografía cortesía de Alejandra

4. Viajar me ha ayudado a crecer como persona. He aprendido que soy capaz de enfrentar cualquier desafío y resolver problemas con optimismo. Los viajes no son perfectos, pero sus imprevistos suelen ser lo que les da magia, ya que, sin ellos, quizás no habríamos conocido a ciertas personas ni habríamos llegado a lugares inesperados.

También comprendí que, si no tienes compañía, puedes viajar solo, y si viajas con amigos o familia, está igualmente bien. Viajar es una forma de invertir en uno mismo. Nos abre la mente, incluso cuando el idioma o la cultura nos presentan barreras. Si estás indeciso sobre viajar, hazlo ahora, porque los viajes no solo transforman nuestra visión del mundo, sino que también nos transforman a nosotros mismos. Una vez que exploras el mundo, no hay vuelta atrás; querrás seguir viajando y explorando.

Fotografía cortesía de Alejandra

5. Es difícil elegir un solo destino, ya que he tenido la fortuna de conocer 34 países, y cada uno de ellos me ha dejado momentos únicos. Desde disfrutar del mar en Croacia o Curaçao, recorrer castillos en Eslovenia, saborear la comida mexicana, deslizarme por los toboganes en los Alpes Suizos, hasta conocer un volcán en Guatemala.

 Mi sueño es seguir descubriendo más destinos en el mundo. Viajar, ya sea cerca o lejos, es una experiencia enriquecedora. A veces, solo basta con explorar nuevos lugares en tu ciudad o país. Aunque viajar requiere esfuerzo y planificación, verlo como una inversión personal convierte cada viaje en una experiencia liberadora y emocionante. Así que, no dudes en explorar, incluso en tu propia ciudad, y descubrir lo que te has estado perdiendo.

Fotografía cortesía de Alejandra

NOHEMI VARGAS QUISPE

Fotografía cortesía de Nohemi

1. Salir de América fue uno de los mayores retos de mi vida. Después de conocer 7 países, como buena latinoamericana, me quedo con Buenos Aires, Argentina. Esta ciudad es una mini Europa; prácticamente está muy actualizada en tecnología, transporte y hasta me atrevería a decir que con la misma seguridad. Al ver que teníamos una mini Europa en Sudamérica, me enseñó bastante sobre el porqué hay tanto talento y cultura.

Fotografía cortesía de Nohemi

2. Lo que más me gusta es la libertad de explorar a mi propio ritmo y la oportunidad de conocerme mejor. Viajar sola me ha permitido salir de mi zona de confort y confiar más en mí misma. Lo que más me preocupa es la seguridad, por lo que siempre investigo bien antes de ir a un lugar y tomo las precauciones necesarias.

Fotografía cortesía de Nohemi

3. Uno de los momentos que más me marcó fue cuando estaba a dos horas de abordar un avión y se me acabaron los megas. No tener comunicación con nadie ni saber cómo comprar más megas en un país donde no conocía a nadie fue toda una aventura.

 Tenía poco tiempo para llegar a la residencia, alistar mis cosas, salir, y, para variar, era de noche. Tuve que ir sola a buscar a alguien que me ayudara durante unos 30 minutos. Desconfiaba de todos, hasta que llegué a un supermercado, les expliqué mi situación, y, por mi acento, muchos no me entendían, lo que me asustó aún más. Grande fue mi sorpresa cuando un compatriota boliviano me dijo: «Eres de Bolivia, ¿no?». No lo podía creer en ese momento, pero gracias a Dios me ayudó.

Regresé rápidamente al lugar donde me estaba quedando y me dirigí al aeropuerto. La gente y los choferes fueron tan amables, hicieron todo lo posible para ayudarme. Después de todo lo sucedido, me quedé muy agradecida y siempre los recordaré. De hecho, cada vez que veo extranjeros en mi ciudad, gracias a los 4 idiomas que hablo, hago todo lo posible para ayudarlos o para que estén a salvo.

Fotografía cortesía de Nohemi

4. Viajar me ha enseñado a ser más adaptable y a resolver problemas con rapidez. También me ha hecho más empática al conocer realidades distintas a la mía. Además, he aprendido a comunicarme mejor, incluso en lugares donde no hablo el idioma.

Fotografía cortesía de Nohemi

5. Sin duda, volvería a Valparaíso, porque me dejó una sensación de paz y aprendizaje. Fue un lugar donde me sentí realmente conectada conmigo misma, con la creación de Dios y con el entorno. Me encantaría volver a tomar un mate leyendo un libro en ese lugar.

Fotografía cortesía de Nohemi

¿ Te sentiste inspirada por ellas? Recuerda que tu también puedes cumplir tus sueños, retar tus propios límites y conquistar el mundo ¡Ve a empacar tus sueños!

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