LA REPOSTERÍA CASERA QUE ECONTRÓ SU VOZ Y SU RITMO

Hay historias que empiezan en una cocina y cambian de tamaño sin perder el olor a mantequilla. Esta es una de ellas.

Andrea Beatriz Luján Sainz creció entre hornos, cuadernos de recetas de la abuela y tardes con azúcar. A los 26 decidió ponerle nombre y orden a lo que siempre la hacía respirar profundo: la repostería.

Mientras estudiaba ingeniería comercial y hacía entregas pequeñas, llegó la decisión que lo acomoda todo: crear una marca con promesa clara y tiempos reales. Así nació Bake & Take: con la idea de recibir pedidos con 1 y 2 días de anticipación, cero vueltas y sabor casero que se siente desde el primer bocado.

El primer hit fueron las mini donas: porciones chiquitas para probar sin empalagar. Luego apareció una meta que le tomó tiempo y paciencia: preparar la Red Velvet. Tras un año y medio de pruebas hasta encontrar esa masa suave, con buen color y equilibrio exacto, que hoy es su especialidad.

La carta ronda los 30 productos y van rotando por temporada. Cuando faltaron insumos, Andrea hizo lo que cuesta pero funciona: simplificar, pues se enfocó en la Red Velvet y chocolate. Menos ruido, más calidad.

La inspiración tiene nombre propio: su abuela. Con ella prueba, afina y vuelve a hornear. Tal vez por eso el Día de la Madre se volvió una fecha especial: cajas pensadas para sorprender a quien cocina por todos.

También hubo golpes que le enseñaron mucho como no hacer entregas en pleno mediodía, pedirle al cliente que no deje su torta mas de 40 minutos sin frío porque y muchaa otras.

No todo se ve en Instagram. Hay días de bandejas agotadas y otros de silencio; mañanas en las que todo sale perfecto y tardes en las que nada encaja.

Este año Andrea pensó en parar, pues consiguió trabajo y creyó que era la mejor opción. Al día siguiente, su mamá le recordó el tercer aniversario de Bake & Take y luego de un té con la abuela, recordar su inicio, se volvió a encender el horno: pero esta vez con la consigna de seguir, pero a su ritmo. Combinar empleo y repostería, bajar la ansiedad, sostener la marca con pasos cortos y firmes.

La promesa de la marca es directa y se cumple: resolver el antojo sin esperar semanas. “Horneado y te lo llevas” no es un eslogan bonito; es respeto por el tiempo de ambas partes.

En ese ida y vuelta, Bake & Take encontró su lugar: del pedido pequeño que acompaña el té a la torta que se vuelve ritual familiar.

Repostería, sí; y también memoria, reglas claras y una meta honesta: mejorar un poco cada semana.

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